¿Arte o Improvisación? - José Luis García
Hace poco me invitaron a un espectáculo de danza, una amiga que sabe mi afición por este arte y a quien respeto mucho por el conocimiento que tiene sobre ballet. Lo cierto es que una de las coreografías que presentaron nos dejó con la boca abierta: un bailarín, solo en el escenario, movía una silla de un lado a otro mientras sonaba la música de la Novena Sinfonía de Beethoven. Ambos nos miramos las caras y mi amiga comentó: Dios… ¿qué cosa es ésta?... Y un señor a su lado le contestó: “Es que esto hay que verlo con el alma, y no con los ojos?... Pues resulta que a mi alma también le pareció una ridiculez.
Aunque mi columna de este mes pueda parecer despectiva y quizás molestar a algunas personas muy liberales, quisiera reflexionar sobre esa manía de querer llamar arte a todo. Un profesor de la universidad, filósofo, en una oportunidad nos dijo que arte es “toda creación humana capaz de ser valorada con criterios estéticos”... Bueno, esta explicación me deja igualito, porque simplemente cabría preguntarse, ¿cuáles son esos criterios?... Sus contemporáneos y los críticos, hasta nuestros días, coinciden en que Miguel Angel fue un genio, pero no se dijo lo mismo en su época de Van Gogh, quien murió en los brazos de su hermano después de dispararse en el vientre, pobre y despreciado; y que no hace mucho batió todos los records en una subasta.
También en una oportunidad en que conversaba con la gran bailarina venezolana Hercilia López, directora de Contradanza, un grupo experimental, me decía que uno de los problemas en la danza era que a los bailarines y bailarinas, sin todavía estar bien preparados, se les quería imponer roles muy exigentes (Odette/Odile; Giselle, Corsario), o incluso alentarlos a la coreografía. Eso no era bueno (a su parecer, y coincido plenamente con ella), ya que terminaba por “quemarlos” y generarles errores muy difíciles de corregir.
En mi opinión, allí está el detalle. Artista es aquel quien domina su arte y es ese dominio precisamente el que le permite moldearlo, manipularlo, cambiarlo, experimentar… Picasso pintaba así porque le daba la gana, no porque no pudiera hacer una cara con los ojos en su lugar. Por eso precisamente merece el título de “genio”. Al igual que Isadora Dúncan, quien antes de hacer esas danzas tan aparentemente improvisadas conoció el ballet y su escuela. El artista no engaña, ni a los demás ni a sí mismo. Sabe que el talento requiere de esfuerzo. Citando al mismo Picasso y una de sus frases fabulosas: “cuando venga la inspiración, que me encuentre trabajando”.
Y este principio puede aplicarse a todo. Cuántas personas existen por allí que se leen un libro y pretenden dictar un taller, o peor aún, que copian sin misericordia y piensan que por cambiar el nombre el plagio es menos evidente. La mediocridad muchas veces se disfraza de improvisación, y como también a muchas personas no les gusta pasar por ignorantes, y hoy en día “todo” es arte, pues se aplaude cualquier cosa.
Lo cierto es que me habría gustado preguntarle al bailarín de la sillita cuál era la gracia de su interpretación y quizás me habría dado una clase de filosofía, o simplemente me habría dicho esa frase tan pavosa que es como el comodín de “¿Quien Quiere ser Millonario?”: No hay que entenderlo… hay que sentirlo…
Bueno, pues sintiéndolo mucho, me aburrí como una ostra…